lunes, febrero 02, 2009

La resequedad en los labios de Enea obligó a que su despertar desembocara naturalmente en el bote de agua sobre el buró junto a su cama. Otra noche soñando con b. Y es que sólo la sorpresa sobrepasaba al coraje. Pensaba en cómo se lo contaría a b de poder esto ser posible. “Otra vez soñé contigo” mentía, sugería una frecuencia más bien constante y la realidad era que llevaba ya más de un año sin soñarla. Luego se enredaba pensando en que todo era relativo y que si bien la palabra frecuencia sugería necesariamente una constancia mayor o menor de un suceso, esto no aplicaba a sus lectores ideales para los cuales –decía- escribía. Pero el hecho era que soñó con b. Otra vez, sí, pero al buen entendedor pocas palabras. Horror. De nuevo la semántica ¿el hecho? ¿Se le podría dar ese calificativo a eso que le había ocurrido esa noche y que la tenía en aprietos pensando en cómo –de ser posible- se lo comunicaría de una manera más bien fiel a b? Usando un lenguaje técnico incluso, convirtiendo su habitual charla desenfadada y sin rumbo en un manual esta tarea sería muy complicada. O más bien imposible. Pensó –y esto nada tenía que ver con su sueño- en que se había acostumbrado a esa manía de empezar sus relatos con despertares. Como necesariamente habría de empezar éste si decía aferrarse a la fidelidad de los… ¿hechos? Y de entrada la ciencia perdía la batalla pues su reloj eléctrico parpadeaba una hora imposible, producto de una falla eléctrica en algún momento de la noche, en algún momento entre las 10 pm de un jueves y alguna hora de la mañana no mayor de las 9 am. Una invasión innecesaria le fastidió el pensamiento asociando el cariño –que antes muy bien hubiera sustituido por “amor” sin ruborizarse un segundo- con la electricidad, tal cual algunos poetas que bien pudieran ser instaladores de antenas satelitales. Referir sus nombres sería tanto como escribir para extraños y no esos cinco o seis que conforman nuestros ya referidos lectores ideales. Los demás –el éxito y la fama- serán los patéticos consortes de un mensaje ajeno. Los repetidores. Serán la enfermedad del arte y sin saberlo serán el arte. Y qué triste, pues.

Pero es inevitable.

martes, enero 20, 2009

20-01-09

 chango

domingo, enero 11, 2009

pedazo

Qué bondades tiene el español. Puedo decir, por ejemplo, "estamos durmiendo" y algún lector pronto a llenar hoyos podría suponer que estamos durmiendo juntos -en un mismo tiempo y a una distancia física razonablemente cercana- o hasta que estamos haciendo el amor y que llevamos algún tiempo así. Pero estamos -al menos por esta noche y qué bueno que es- en nuestras camas sin otra compañía que los libros que nunca terminamos para justificar nuestra ilusión de ser hombres de letras de nuestro tiempo. Solos, pues. La maña es la siguiente: escribo lo imposible: "estamos durmiendo" como si pudiera ser posible y para eso hay una gran variedad de bonitos y exactos tiempos gramaticales. "Dormí" me hace ojitos. Pero ¿pedirle honestidad a un escritor? O a uno en formación. O a un aspirante a. Por lo menos ese rubro lo tengo muy en claro: miente, todo se trata de mentir. Miente y siempre cree en tus mentiras, miente con honestidad. Ofrece un racimo de bellas realidades en potencia.

lunes, enero 05, 2009

hielitos

Fiodor Pavlovitch estaba ebrio cuando le dieron la noticia de la muerte de su esposa, y cuentan que echó a correr por las calles, levantando los brazos al cielo y gritando alborozado: «Ahora, Señor, ya no retienes a tu siervo». Otros aseguran que lloraba como un niño, hasta el punto de que daba pena verle, a pesar de la aversión que inspiraba. Es muy posible que ambas versiones se ajustasen a la verdad, es decir, que se alegrase de su liberación y que llorara a su liberadora. Las personas, incluso las peores, suelen ser más cándidas, más simples, de lo que suponemos..., sin excluirnos a nosotros.

miércoles, diciembre 17, 2008

the stroke before christmas

Lo único bueno de navidad es que dan Die Hard en la televisión. ¡Ah! y los generosos proveedores de cable local abren algunos canales de paga por unos días. ¡Ah! y el desayuno para crudos de la abuela (que siempre es mejor que la cena). Sólo tres cosas buenas. No sé porqué hacen tanto escándalo.

 

¡Feliz navidad a todos mis lectores! -el Migue en bóxers con una camisa desmangada y sucia cenando maruchan y jugando con una navaja.

Un regalo: