Y así fue como Míster Bones, alias Sparkatus, compañero del difunto poeta Willy G. Christmas, se lanzó en aquella resplandeciente mañana invernal de Virginia a demostrar que era el campeón de los perros. Saliendo de la hierba al arcén derecho de la autopista, esperó a que se abriera un claro en el tráfico, y entonces echó a correr. Pese a lo débil que estaba, aún le quedaba energía en las patas, y en cuanto cogió el ritmo, se sintió más fuerte y feliz de lo que se había sentido en meses. Corrió hacia el ruido, hacia la luz, hacia el resplandor y el rugido que se precipitaba hacia él en todas direcciones.
Con un poco de suerte, estaría con Willy antes de que acabara el día.
