Volví. Me dijo que estaba con un hombre tan o más bueno que yo. Que era de otro y que ya no podía ser sino de esa manera.
Con presurosas lágrimas se despidió. La marea baja dejaba entrever un olor a algas podridas.
Volví. Atravesé el pequeño y estrecho pasillo de la privada decidido a confesar, a confrontar. Mandé un par de mensajes -nada. Hecho todo un hombrecito decido llamarla...

